jueves, 3 de enero de 2008

Prólogo.

El Universo Mágico.
Un universo distinto al que vivimos nosotros, donde cada mundo tiene su propia magia y fantasía, y existe una tranquilidad absoluta. Al menos, hasta ahora.
El mundo más grande de todos era la capital del Universo, que consistía en una ciudad y un palacio más grande que los de nuestro Universo. En ese palacio, una joven de cabellos rizados y de color naranja, hermosa cual rosa, con un corazón de oro y modales finos y educados, se peinaba, pero no llegó a oír unos pasos muy silenciosos que la acechaban por detrás.
A cinco centímetros de distancia, la Princesa llegó a sentirlo justo cuando unos lazos la ataron y la mantuvieron sin moverse ni hablar. La Princesa intentó soltarse, pero empezó a notar un sueño tremendo, y mientras se iba durmiendo, gritaba en su interior:
"¡Que alguien me ayude!"

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Toda la capital entró en alerta. La Princesa del Universo Mágico había desaparecido, y se había dejado la corona en su habitación. Aunque buscaron por todas partes, no encontraron rastro de ella.
Los Reyes estaban muy apenados. No sabían que iba a ocurrir. Entonces, fueron al Planetario del castillo a ver si podrían encontrar pistas del paradero de su hija en otro mundo. Pero al mirar por el Telescopio, vieron en el mundo más cercano una luz extraña. Roja oscura.
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Salieron dos agujeros en dos Universos: en el nuestro (en el siglo XIX) y en el Mágico (actualmente). Cayeron dos personas en él. ¿Pero por qué esas dos? Nadie, menos los Reyes, lo sabían, pero ahora lo sabemos nosotros.

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